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MARGARITA QUESADA

  • IDENTIDADES-PASAMANEPRIA
  • 5 jun 2016
  • 3 min de lectura

Actualizado: 16 ago


Hay lugares que, con el paso de los años, dejan de ser simplemente un negocio para convertirse en parte de la memoria de un pueblo.

Desde hace aproximadamente 44 años, en San Rafael de Heredia existe uno de esos lugares. Un pequeño comercio que ha sido testigo silencioso del progreso, las transformaciones y el desarrollo de nuestro cantón. Por sus puertas han pasado generaciones de rafaeleños y, mientras el pueblo ha cambiado a su alrededor, este establecimiento ha permanecido ahí, formando parte de nuestra historia.

Sin embargo, detrás de esas puertas, detrás del mostrador y detrás de tantos años de trabajo, existe una mujer.

Una mujer emprendedora, vivaz y luchadora, que encontró en su negocio no solamente una fuente de sustento para su hogar, sino también la posibilidad de alcanzar uno de sus grandes sueños: tener algún día su propio establecimiento comercial.

Hoy tuve el privilegio de que me recibiera en su casa.

Y mientras conversábamos, nos tomamos un café.

Quizá no exista una manera más bonita y más nuestra de conocer una historia. Porque alrededor de una taza de café aparecen los recuerdos, las anécdotas, los nombres, los lugares que ya no existen y esas pequeñas historias que difícilmente encontraremos escritas en algún libro, pero que forman parte de la memoria de nuestros pueblos.

Amigos, les presento a doña Margarita.

Su historia como comerciante comenzó aproximadamente en 1972, cuando abrió las puertas de su negocio en unos locales ubicados detrás de nuestro majestuoso templo católico, justamente donde hoy encontramos un lote baldío.

Era otro San Rafael.

Otro tiempo.

Y mientras nuestro cantón comenzaba poco a poco a transformarse, doña Margarita también construía su propia historia.

Con trabajo, constancia y mucho sacrificio fue sacando adelante aquel negocio que se convirtió en una importante fuente de sustento para su hogar. Día tras día, año tras año, fue demostrando que los grandes sueños no siempre comienzan con grandes recursos; muchas veces comienzan únicamente con la voluntad de trabajar y la determinación de no rendirse.

Lo hermoso de esta historia es que, después de 44 años, Tienda Margarita continúa con sus puertas abiertas al público.

Hoy se encuentra detrás de la Escuela Pedro María Badilla, en un lugar que representa muchísimo más que la ubicación de un comercio.

Ahí doña Margarita logró cumplir aquel sueño por el que había trabajado durante tantos años: construir, con esfuerzo y sudor, su propio local comercial.

Y cuando uno conoce su historia comprende que no se trata solamente de paredes, un techo, una puerta o un mostrador.

Se trata de lo que costó levantarlos.

De las horas de trabajo.

De los sacrificios.

De levantarse cada mañana y volver a empezar.

De mantener un negocio durante décadas mientras la vida y el pueblo entero cambiaban a su alrededor.

Porque permanecer también es una forma de triunfar.

Y quizá, sin proponérselo, mientras doña Margarita luchaba por sacar adelante su hogar y construir su propio futuro, terminó haciendo algo todavía más grande: convertirse en parte de la historia de San Rafael.

La historia de nuestros pueblos no pertenece únicamente a los grandes personajes ni está escrita solamente en monumentos y libros.

También vive en nuestra gente.

En sus comercios.

En las conversaciones alrededor de una taza de café.

En aquellos negocios que vimos desde niños y que todavía hoy permanecen ahí.

En las personas que, con trabajo silencioso y perseverancia, ayudaron a construir la comunidad que ahora conocemos.

Eso también es identidad.

Y por eso doña Margarita tenía que formar parte de Identidades.

Les confieso que ha sido un verdadero placer conocer un poquito más de su historia, sentarme a conversar con ella y, finalmente, tener el privilegio de retratarla.

Porque cuando fotografiamos a personas como doña Margarita no retratamos solamente un rostro.

Retratamos una época.

Retratamos esfuerzo.

Retratamos memoria.

Y, sobre todo, retratamos un pedacito de nuestro querido San Rafael.

Con ustedes, doña Margarita: una mujer emprendedora, trabajadora y perseverante que convirtió un sueño en el proyecto de toda una vida y que, después de tantos años, continúa abriendo las puertas de su negocio y formando parte de nuestra historia rafaeleña.


 
 
 

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