HORCARO BEAKER
- IDENTIDADES-BLACK DICOMOVIL
- 12 jun 2016
- 2 min de lectura
Actualizado: 16 ago
Quien no recuerda los bailes con disco móvil?

¿Recuerdan aquella época en que se hacían los bailes en el cole, las fiestas de quince años y las bodas con la afamada y grandiosa Black Discomóvil?
Aunque, pensándolo bien, la disco quizá no era tan famosa como el personaje que estaba detrás de ella.
Él era el mánager, el de las luces, el de la música y, por supuesto, el de las mezclas. Comenzó haciendo magia con cientos de casetes, escogiendo canciones, buscando el momento preciso para cada una y poniendo a bailar a más de uno. Después llegaron nuevas tecnologías y Black Discomóvil también se modernizó.
Pero llegó el momento de apagar las luces, guardar la música y cerrar una etapa. No porque faltaran ganas de seguir, sino porque aquel amigo tenía otro sueño por delante: estudiar Medicina y convertirse, con los años, en el doctor Horacio Baker.
Hay cosas, sin embargo, que ninguna profesión ni el paso del tiempo cambian.
Su característica sonrisa y su enorme amabilidad siguen siendo insignias de su personalidad. Horacio conserva esa facilidad tan suya para relacionarse con la gente, conversar, hacer amistad y dejar una buena sensación en quienes tienen la oportunidad de compartir con él.
Hoy, además, rompimos nuestros propios esquemas. A diferencia de muchas otras ocasiones, primero gozamos haciendo las fotografías y después nos sentamos a disfrutar del infaltable cafecito.
Tal vez por eso esta sesión tuvo algo especial.
Frente a mi cámara ya no estaba aquel muchacho de los casetes, las luces y los bailes del cole. Tampoco estaba únicamente el médico en que se convirtió con los años. Estaba Horacio: el mismo amigo, con aquella sonrisa de siempre y con toda una historia recorrida detrás de ella.
Les dejo el retrato de mi gran amigo, el doctor Horacio Baker.
Espero que les guste y, como siempre, me encantará leer sus comentarios, tanto sobre mi trabajo como sobre el modelo.
Porque algunas fotografías retratan un rostro; otras, sin proponérselo, terminan retratando también un pedacito de nuestra propia historia.






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