GEOVANNY ESCALANTE
Actualizado: 16 ago
IDENTIDADES

Antes de comenzar, quiero agradecerles que al final de esta publicación dejen sus comentarios. Para mí es muy importante conocer qué les transmite esta imagen, que, como siempre, viene acompañada de una pequeña reseña sobre la vida de nuestro personaje.
Esta semana les presento el retrato de un rafaeleño que ha vivido una parte muy importante de su vida y de su historia dentro de nuestro cantón.
Una de las cosas más hermosas que me ha regalado este proyecto es descubrir cómo tantas personas nos han abierto las puertas de sus hogares y nos han permitido entrar, aunque sea por un rato, en sus recuerdos y en una parte muy personal de sus vidas.
Esta vez no fue la excepción.
Una hermosa familia nos dio su voto de confianza para seguir haciendo grande nuestro proyecto Identidades.
Y sucedió algo curioso.
Aunque uno llega con cámaras, luces y toda la intención de realizar un retrato, muy pronto se rompieron los esquemas. Entramos en confianza casi inmediatamente y la sesión terminó convirtiéndose en un rato sumamente agradable.
Como corresponde a muchas de nuestras mejores historias, al final apareció el cafecito.
Nos sentamos en familia, conversamos sobre Identidades, sobre las personas que ya han pasado frente a mi cámara y sobre el alcance que poco a poco ha tenido este proyecto.
Pero llegó el momento de presentarles a nuestro personaje.
Y quiero hacerlo con una pregunta:
¿Sabía usted, amigo lector, que uno de los logros más importantes de este rafaeleño fue batir un récord mundial?
Quizá algunos conozcan la historia.
Quizá otros no tengan la menor idea de lo que estoy hablando.
Y precisamente por eso vale la pena contarla, porque Identidades también busca rescatar esas historias que enriquecen nuestra cultura y nos permiten reconocer los extraordinarios aportes que personas de nuestro propio pueblo han realizado dentro y fuera de Costa Rica.
La hazaña consistió en algo que, contado rápidamente, parece sencillo:
sostener una sola nota con un saxofón durante el mayor tiempo posible.
Pero intenten imaginarlo...
Una nota.
Sin detenerse.
Minuto tras minuto.
Utilizando una extraordinaria técnica de respiración circular, nuestro invitado logró mantener aquella nota durante 1 hora, 30 minutos y 45 segundos.
Y no estaba intentando superar cualquier marca.
El récord anterior pertenecía al mundialmente reconocido saxofonista Kenny G, quien había conseguido sostener una nota durante 45 minutos y 47 segundos.
Nuestro rafaeleño fue más allá.
Mucho más allá.
En 1999, Geovanny Escalante prácticamente duplicó aquella marca y consiguió inscribir su nombre en Guinness World Records.
Pero mientras conversaba con él y posteriormente lo observaba frente a mi cámara, pensé que detrás de aquella hora y media tenía que existir algo mucho más importante que unos pulmones privilegiados.
Tenía que haber disciplina.
Concentración.
Perseverancia.
Y, especialmente, la capacidad de creer que algo aparentemente imposible podía alcanzarse.
Quizá por eso su récord cuenta mucho más sobre él que el simple número de minutos durante los cuales logró sostener aquella nota.
Habla del carácter de un hombre.
De sus aspiraciones.
De su capacidad para soñar en grande y trabajar hasta convertir esos sueños en metas cumplidas.
Damas y caballeros, hoy tengo el enorme gusto de presentarles al señor Geovanny Escalante.
Saxofonista, hombre de temple, de grandes valores y enorme disciplina.
Un rafaeleño cuyas aspiraciones lo llevaron a escribir su nombre en la historia y que, con su talento, se convirtió en un digno representante de nuestro cantón y en un embajador de la cultura costarricense.
Hoy, muchos años después de aquella hazaña, tuve el privilegio de hacer su retrato.
Y mientras observaba el resultado pensé que quizá esta fotografía pueda hacer algo parecido a aquella nota de saxofón que parecía no terminar nunca:
detener el tiempo por un instante y ayudarnos a no olvidar su historia.






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