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Sr Viktor Vargas

Identidades - Actor y buen mozo.
13 nov 2016
3 min de lectura

Actualizado: 16 ago


Identidades

Hoy sucede algo diferente en Identidades.

En lugar de presentarles un retrato, como ha sido nuestra costumbre, aparecen tres.

Y existe una buena razón.

Nuestro personaje de esta semana es un artista profundamente polifacético, de esos que a lo largo de los años han aprendido a cambiar el gesto, la mirada y hasta la manera de plantarse frente a los demás para darle vida a distintos personajes.

Su historia comenzó muy temprano.

Tenía apenas 12 años cuando encontró un grupo que le abrió las puertas y le permitió participar en una representación.

Probablemente en aquel momento no imaginaba que aquella primera experiencia terminaría convirtiéndose en una parte fundamental de su vida.

Desde entonces no ha dejado de trabajar para mantener viva una tradición que generación tras generación ha podido disfrutar gracias al esfuerzo de personas como él.

Años de ensayos.

Preparativos.

Vestuario.

Representaciones.

Vacaciones sacrificadas.

Tiempo personal entregado.

Y muchas horas de trabajo que el público posiblemente nunca llega a ver.

Porque detrás de una representación que dura unas cuantas horas puede existir el esfuerzo de semanas o meses de personas que simplemente quieren que una tradición permanezca viva.

Pero cuando conversé con él descubrí que, para Viktor, todo aquello significa mucho más que actuar.

Según me contó, cada paso que ha dado en este camino se ha convertido también en una vivencia espiritual.

Representar aquellos personajes le permitió mirar el mundo de otra manera y descubrir, desde su propia fe, una sensibilidad especial hacia la caridad, el amor al prójimo y las necesidades de quienes lo rodean.

Y no se quedó únicamente en la representación.

Esa manera de entender la vida lo llevó también a involucrarse en distintos grupos de ayuda comunitaria y a proyectar parte de su tiempo y esfuerzo hacia quienes más lo necesitan.

Por eso su presencia en Identidades no responde solamente a su faceta artística.

Está aquí por su constancia.

Por su trabajo.

Por preservar una tradición.

Por su espiritualidad.

Y por la manera en que decidió transformar parte de esa experiencia en servicio hacia los demás.

Ahora bien...

Volvamos a las fotografías.

La mayoría de la gente lo conoce por su nombre o por su apodo.

Pero a lo largo de los años, caminando por las calles de nuestro pueblo durante las representaciones de la Semana Mayor, ha respondido también a otros nombres.

Alguna vez fue Dimas.

Otras veces, Gestas.

Y hasta Chus le han dicho por las calles de San Rafael.

Porque cuando llega la Semana Santa, Viktor deja por un rato de ser únicamente Viktor.

Aparece el personaje.

Cambia el rostro.

Cambia la expresión.

Cambia la mirada.

Y quizá por eso esta vez un solo retrato no era suficiente.

Durante nuestra sesión, en muy poco tiempo, mi cámara tuvo frente a ella tres caras diferentes de un mismo hombre.

Tres expresiones.

Tres maneras de interpretar.

Tres pequeños ejemplos de esa capacidad que durante tantos años ha puesto al servicio de las representaciones de nuestro cantón.

Pero cuando terminaron las fotografías y desaparecieron los personajes, quedó frente a nosotros la identidad verdaderamente importante.

Viktor.

El hombre detrás de todos esos rostros.

Damas y caballeros, seguidores de Identidades, les presento al señor Viktor Vargas.

Un artista polifacético de nuestro querido San Rafael.

Un hombre que comenzó a los doce años prestándole su rostro a un personaje y que, con el paso del tiempo, terminó entregándole a una tradición buena parte de su vida.

Hoy les dejo tres retratos.

Aunque, pensándolo bien, los tres cuentan una sola historia:

la de un hombre que durante años ha cambiado de rostro para ayudarnos a conservar una parte del nuestro como pueblo.


 
 
 

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