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Karlo Araya V.

  • Identidades - Cantante
  • 27 nov 2016
  • 3 min de lectura

Actualizado: 16 ago


Identidades

Esta semana hago un pequeño alto en el camino que venimos recorriendo con Identidades para incluir a un artista Barraco de corazón.

Pero antes quiero expresar mi más profundo agradecimiento a todas las personas que conforman nuestro pueblo.

Ante la tragedia provocada por el huracán Otto, San Rafael de Heredia dijo presente.

Muchísimas personas se organizaron, colaboraron y buscaron diferentes maneras de apoyar a quienes resultaron damnificados. Algunos donaron alimentos, ropa o artículos de primera necesidad; otros regalaron su tiempo, su trabajo y aquello que mejor sabían hacer.

Y precisamente ahí aparece nuestro personaje de esta semana.

Un joven que viene abriendo su propia brecha en la música y que forma parte de nuestro círculo cultural.

Es vecino de San Josecito, uno de ocho hermanos, alegre, jovial y de esos músicos que procuran hacer su trabajo poniendo en él el alma y el corazón.

Hace pocos días estuvo participando voluntariamente en una actividad realizada en el nuevo complejo frente a la clínica.

No llegó buscando protagonismo.

Llegó a poner su granito de arena.

Al igual que tantos costarricenses conmovidos por lo sucedido, quiso solidarizarse y encontró una manera muy propia de hacerlo:

prestó su talento.

Agarró su música y la puso al servicio de los demás para que, mientras nuestro pueblo colaboraba con una causa tan importante, también pudiera disfrutar de un buen rato.

Pero para entender de dónde viene esa relación con la música tenemos que regresar muchos años atrás.

Sus primeros pasos comenzaron en casa.

Fue su padre quien, desde muy pequeños, les enseñó a él y a sus hermanos a tocar la guitarra.

Y aquello que comenzó como una enseñanza familiar terminó convirtiéndose también en parte de una hermosa tradición.

Cuando llegaban diciembre y enero, la familia se preparaba para participar, con enorme devoción, en los tradicionales rezos del Niño por distintos rincones de San Rafael.

Y qué grupo aquel...

Recuerdo que en una ocasión los llamamos para que realizaran el Rezo del Niño en nuestra casa.

Fue algo muy particular y bonito.

No se trataba solamente de llegar a rezar.

Ellos llevaban sus instrumentos y la música iba acompañando cada momento, creando un ambiente especial y permitiendo que quienes estábamos presentes también pudiéramos participar.

Aquello tenía vida.

Tenía alegría.

Y, sobre todo, tenía familia.

Quizá ahí podamos encontrar parte de la esencia del músico que hoy conocemos.

Porque Karlo aprendió desde muy joven que la música no sirve únicamente para quien la interpreta.

La música también se comparte.

Hoy continúa recorriendo su propio camino.

Interpreta covers, pero también escribe y compone sus canciones. Poco a poco ha llevado su talento a diferentes lugares del país, moviéndose entre la trova, la música romántica en español, el rock en español y otros géneros que forman parte de su propuesta.

Está construyendo su historia.

Buscando espacios.

Componiendo.

Tocando.

Aprendiendo.

Y tratando de dejar su propia huella.

Pero esta semana, para mí, hay algo que vale tanto como cualquier escenario.

Cuando su comunidad necesitó ayuda, él estuvo ahí.

Y llevó lo que tenía para ofrecer:

su música.

Eso también habla de un artista.

Y, principalmente, habla de una persona.

Seguidores de Identidades, hoy tenemos el placer de presentarles a un músico costarricense que continúa abriéndose camino, pero cuyas raíces están profundamente ligadas a la familia, a las tradiciones y a nuestro pueblo.

Damas y caballeros, con ustedes:

Karlo Araya V.

Músico costarricense.

Vecino de San Josecito.

Y, por supuesto, Barraco de corazón.

Como siempre, espero sus comentarios sobre el retrato y sobre esta pequeña historia.

Porque algunas veces un artista comienza a dejar huella mucho antes de alcanzar los grandes escenarios.

A veces basta con saber cuándo tomar la guitarra y ponerla al servicio de los demás.


 
 
 

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