Ricardo Picado Mejia
Actualizado: 18 ago
IDENTIDADES.

Tres alumnos. Solamente tres.
Su hijo, su hija y su esposa.
Así comenzó el trabajo profesional de nuestro personaje de hoy en San Rafael de Heredia. Durante todo un año, ellos fueron sus inseparables alumnos. No había todavía grandes grupos ni medallas que exhibir. Había algo quizá más importante para comenzar cualquier camino: perseverancia, disciplina y una familia dispuesta a caminar junto a él.
Continuamos con nuestro homenaje en vida a personas que, de una u otra manera, hacen un aporte a nuestra educación y cultura. Hoy entramos en el mundo del deporte y, especialmente, de la disciplina.
Debo reconocer que me identifiqué muy bien con nuestro invitado. A él le apasiona un deporte que yo también practiqué y con el cual me siento muy cómodo, de manera que pudimos conversar largo y tendido, prácticamente hablando el mismo idioma.
Después de aquel primer año con sus tres alumnos, la gente del pueblo comenzó a volver la mirada hacia lo que estaba haciendo. Poco a poco aumentó la inscripción en su lugar de trabajo y comenzó la ardua tarea de formar a grandes y chicos en la disciplina que enseña.
Y así fueron pasando los años.
Detrás de ese crecimiento encontramos a una gran persona y también el espíritu de una familia dedicada, respetuosa y apasionada por lo que hace, siempre procurando mejorar la técnica, la precisión y la disciplina.
San Rafael de Heredia debe sentirse orgulloso de contar con personas de este talento. Nuestro invitado, con mucha humildad y palabras suaves, accedió a contarme parte de su historia de vida y también a ser retratado por este humilde servidor.
Ahora bien, ¿por qué está esta persona en Identidades?
Porque su trabajo ha llevado el nombre de nuestro cantón más allá de su propio dojo. Ha salido de su zona de confort para representar a San Rafael en diferentes torneos y ha acompañado a nuestros jóvenes durante ocho años consecutivos a Juegos Nacionales.
De esas participaciones han regresado con alrededor de treinta medallas en diferentes categorías.
¡Wow! Eso es para aplaudir.
Pero detrás de una medalla siempre existe una parte que pocas veces se ve: horas de entrenamiento, dedicación, dinero, tiempo y sacrificios familiares. Por eso el mérito no está solamente en aquello que se cuelga del cuello al terminar una competencia, sino también en todo lo que fue necesario entregar para llegar hasta allí.
Han pasado veinte años desde que abrió sus puertas en San Rafael. A través de ese tiempo, la vida le ha brindado innumerables oportunidades para aprender y crecer de la mano de su familia, sus amigos y, muy especialmente, de sus alumnos.
Damas y caballeros, con gran orgullo, Identidades les presenta al sensei Ricardo Picado Mejías, segundo dan, profesional del karate y formador de generaciones de estudiantes.
Dentro de esa formación existe un conjunto de principios que acompaña la práctica del karate: el Dōjō Kun.
道場訓
一、人格完成に努むる事。
一、誠の道を守る事。
一、努力の精神を養う事。
一、礼儀を重んずる事。
一、血気の勇を戒むる事。
Está escrito en japonés, pero quiero dejar también sus cinco enseñanzas en nuestra memoria:
Buscar la perfección del carácter.
Ser leal y sincero.
Esforzarse siempre.
Respetar a los demás.
Abstenerse de la violencia.
Cinco líneas sencillas de leer, aunque mucho más difíciles de practicar todos los días. Y quizá ahí se encuentre una de las enseñanzas más importantes de esta historia: el karate no se queda únicamente en una competencia, una técnica o una medalla. La verdadera disciplina también se demuestra en la manera en que tratamos a los demás y conducimos nuestra propia vida.
Como siempre, les dejo esta publicación para que compartan sus comentarios y, especialmente, sus recuerdos sobre el sensei Ricardo y sus alumnos.
También hago extensiva la invitación a visitar su dojo, ubicado de la clínica 150 metros oeste, 150 metros sur y 75 metros este, en la segunda entrada a mano izquierda después del puente.
Veinte años después de aquellos primeros tres alumnos, quedan muchas historias, muchas personas formadas y aproximadamente treinta medallas que hablan del camino recorrido.
Pero tal vez el mejor símbolo para terminar este retrato no sea una medalla.
Es una palabra sencilla que se aprende desde el dojo:
REI.
En japonés significa saludo y representa la cortesía y el respeto.
Por eso cerramos este retrato como corresponde frente a un sensei y frente a una vida dedicada a enseñar disciplina:
REI.






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