Alfonso Marin El Genio
Actualizado: 22 ago
Identidades declarado de interés Cultural para Costa Rica

Hay una imagen que parece acompañar siempre a Alfonso: un libro entre las manos.
Lee porque disfruta hacerlo. Lee porque considera que el cerebro necesita ejercitarse. Lee porque encuentra en las páginas algo que, según él, ninguna pantalla puede ofrecer de la misma manera: la posibilidad de que sea nuestra propia mente la que construya los lugares, los personajes y las aventuras.
Y quizá esa imagen diga mucho sobre el personaje que hoy llega a Identidades.
Siempre he considerado que el éxito es el resultado del esfuerzo que ponemos en alcanzar una meta. Día con día uno avanza, algunas veces lentamente, otras con tropiezos, hasta que llega ese momento en que puede volver la vista atrás, contemplar el camino recorrido y darse el gusto de gritar a los cuatro vientos:
¡Lo logré!
Pero llegar hasta ahí significa muchas veces aprender a continuar a pesar del famoso «qué dirán», de los prejuicios y de esa presión social que pretende indicarnos cómo debemos ser para encajar.
Nuestro personaje de hoy decidió construir su propio camino.
Alfonso posee una inquietud intelectual que parece no detenerse. Es frecuente verlo con un libro, aprovechando sus ratos libres para ejercitar la mente y continuar aprendiendo.
Durante nuestra conversación dejó a mis hijos un consejo que considero digno de conservar:
«No pierdan el tiempo con cosas que no les producen nada bueno. El cerebro debe ejercitarse y la lectura es una pasión que se debe adquirir para abrir la mente. No se detengan: lean cada vez que puedan y verán cómo su entorno cambia. La lectura debe convertirse en un hábito».
Consejo de sabios.
Y en su caso, ese amor por aprender también se refleja en su trayectoria académica.
Alfonso ha alcanzado cuatro bachilleratos:
Bachillerato en Historia.Bachillerato en Enseñanza de los Estudios Sociales.Bachillerato en Bibliotecología.Bachillerato en Filosofía.
Pero su inquietud no termina ahí.
Entre sus metas académicas se encuentran continuar estudios de licenciatura relacionados con Bibliotecología, Docencia y Teología.
Cuando uno observa esa lista podría quedarse únicamente con los títulos.
Yo prefiero mirar lo que existe detrás de ellos.
Horas de lectura.
Constancia.
Disciplina.
Curiosidad.
Y, especialmente, la decisión de no dejarse apachurrar por aquello que otros puedan pensar.
Después de conversar un buen rato con mi amigo y hacer una retrospectiva de los años que tengo de conocerlo, debo confesar algo:
antes conocía a Alfonso.
Ahora lo admiro.
La conversación me permitió mirar más allá de aquello que uno cree saber de una persona y encontrar a un hombre con una enorme inquietud por aprender, con metas todavía por alcanzar y con una manera muy particular de enfrentarse al conocimiento y a la vida.
Alfonso también ha vivido con una condición que forma parte de su historia: el síndrome de Asperger.
Lo menciono porque él aparece presentado así en este relato, pero no quiero que esas palabras se conviertan en una etiqueta capaz de resumirlo.
Alfonso es mucho más que eso.
Es el amigo.
Es el lector.
Es el estudiante que sigue planteándose nuevas metas.
Es el hombre que ha tenido que enfrentarse a prejuicios y que reclama, como cualquier otra persona, algo tan elemental como el respeto.
Y es precisamente ahí donde este retrato adquiere para mí un significado especial.
No necesitamos admirar a Alfonso «a pesar» de sus diferencias ni convertir esas diferencias en la explicación de todo lo que ha conseguido.
Podemos admirarlo por algo mucho más sencillo y verdadero:
por lo que ha decidido hacer con su propia vida.
Damas y caballeros, Identidades tiene el placer de presentarles al señor Alfonso Moisés Marín Bonilla.
Los invito a dejarle sus comentarios, pero también a hacer algo que está muy relacionado con la esencia de este retrato: conocer antes de juzgar, conversar antes de suponer y aprender antes de etiquetar.
Yo tuve la oportunidad de hacerlo durante esta sesión.
Y descubrí que, después de tantos años de conocer a una persona, todavía podía sentarme frente a ella y descubrirla nuevamente.
Seguramente mañana Alfonso volverá a abrir otro libro.
Y quizá esa sea la imagen con la que quiero cerrar este retrato:
un hombre que ha conseguido mucho, pero que todavía conserva la curiosidad suficiente para preguntarse qué puede aprender en la página siguiente.
Jonathan García — JF Studio CR - Fotógrafo de retratos
Modelo: Alfonso Moisés Marín Bonilla
Locación: San Rafael de Heredia
Iluminación: flash de estudio Visatec
Velocidad: 1/125
Apertura: f/11
Lente: 110 mm
ISO: 100






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